jueves, 13 de marzo de 2008

Experiencia dura pero enriquecedora

DESDE MALÍ – ÁFRICA



Es martes 13 de febrero de 2001, estoy en Falaje un village al norte de Malí en donde me encuentro desde octubre viviendo mi proceso de aprendizaje de la lengua Bamananca. Son las 4: 30 de la tarde, el calor comienza a ser de nuevo insoportable después del tiempo frió del “armatan”, he acabado de despedir al “IMAN” del village (jefe de los musulmanes) quien vino a devolverme una visita que le había hecho la semana pasada. Con el poco Bamananca que tengo la visita se hizo de muy pocas palabras, escasamente para intercambiar saludos tradicionales y bendiciones, pero su visita me hizo contemplar cada momento de este primer año de mi ministerio en tierra musulmán.

Es poco que sé del mundo islámico (lo veo demasiado vasto y profundo), lo cierto es que estar en tierra islámica me ha llevado a vivir una experiencia dura, de sequedad pero enriquecedora y apasionante... enfrentarme con lo diferente, sentirme parte de una minoría que no tiene voz, acostumbrarme a recorrer kilómetros para encontrar uno que otro cristiano y celebrar la eucaristía con una o dos personas.

Vivir en tierra islámica exige un proceso nuevo, un estilo de vida con una nueva visión que recrea nuestra identidad por la cual nos hemos hecho miembros del IMEY, una conversión permanente en ir siempre en dirección al otro, esto no es fácil, cuesta, duele porque me exige olvidarme de “protagonismos” a los que están acostumbrados los sacerdotes en países de cristiandad, porque quizás en todos mis años de seminario nunca hubo un ambiente de interés por este mundo musulmán, esto me parecía tan lejano, ahora entiendo que estas experiencias hay que vivirlas, sentirlas y sufrirlas.

Después de que dejé al “IMAN” en la puerta e intercambiamos las últimas bendiciones, hice un momento de silencio y pensé en lo que más me ha impactado este año de contacto con el mundo musulmán, llegue a la conclusión personal que todo este tiempo ha sido de sequedad e inutilidad, (pocas misas, nada de sacramentos, nada de homilías, etc.), un tiempo en el que no se entiende el sentido de nuestra presencia misionera... hoy en el encuentro con el IMAN, empiezo a entender que este “tiempo de sequedad” es un buen campo abonado para:

• Profundizar mi identidad como sacerdote Javeriano, en la oración en el contacto con la palabra de DIOS desde la realidad empobrecida de nuestra África negra sin tanto ritualismo ni clericalismo al que estamos acostumbrados.

• Un tiempo de gratuidad en la relación fraternal con los compañeros, con la gente, con las comunidades.

• Un tiempo de profundidad en la espiritualidad contemplativa al estilo “la familia de Nazareth” como lo propone el gran apóstol Foucauld.

Viví mi primera navidad en Malí con la pequeña comunidad cristiana, una navidad opacada por el final del “ramadan” (27 de diciembre) que es el mes lunar en donde los musulmanes hacen “ayuno” es un tiempo importante para ellos porque el ayuno es una de las cinco obligaciones del musulmán.

El mes de Ramadan es el mes en que el Corán fue revelado como orientación a seguir para la humanidad. Según la sourate al Baquara, verso 183 de Corán todos deben ayunar durante este mes y se debe exaltar la grandeza de ALLAH para tenerlo como guía, y dar la posibilidad de agradecerle... el mes de Ramadan comienza cuando es visto el creciente de la nueva luna y finaliza cuando el otro creciente aparece en el cielo.

Una semana después de empezar la cuaresma, los musulmanes celebraron el id el-adha que en África del oeste llaman la fiesta de la tabaski que es el mes de peregrinación, donde cada familia sacrifica un cordero para entrar en comunión con todos los que hacen la peregrinación a la Meca.

La constitución maliense estipula el Estado de Malí, como un estado laico; en realidad MALÏ es un país musulmán. EL ISLAM es un elemento determinante de su cultura, sin el Islam MALÏ sería un país sin historia.

Nuestra presencia en Malí más que eficaz debe ser fecunda en ese testimonio permanente e entrega, ternura, profecía, sencillez... etc.

Me ha extrañado que Malí sea uno de los países donde poco misionero se apunta y hasta he escuchado propuestas de cerrar nuestra misión. Malí es uno de los países que más nos ofrece la fidelidad a nuestro “carisma”, en vez de pensar en cerrar pensemos en apoyar esta Iglesia que tanto necesita o si no dejémonos de cuentos y no sigamos un carisma de barniz, de lujo, de apariencia.

• ¿Cuándo se acabará tanta burocracia en la Iglesia?

EL POLVO DE NUESTRA MEDIOCRIDAD Y COMODIDAD SE SACUDE POR LA REALIDAD DE ESTOS PUEBLOS.

La Iglesia no se define a partir de su estructura clerical, sino que ella se hace, nace en esa relación dinámica dialogante con el hombre y la mujer que lucha, sufre, sueña ... que tiene otras experiencias de vida religiosa.


FABIAN LOPEZ ARIAS, mxy
ABYO KUASSY KOULYBALY
Faladge Mali Africa del Oeste

1 comentario:

Esteban cañola dijo...

Fabian que pagina tan bakana, seguí adelante con esto