Si DIOS no fuera esa aurora
Iluminando caminos, rompiendo
Cansancios, oscuridades venciendo,
Quemando por dentro nuestros egoísmos
Para hacerse presente.
¿Quién se atrevería hacer caminos “acá”?
Dos años hace que asumimos la responsabilidad de la misión de Vitichi, Yawisla y Calcha, tratando de descubrir los Signos del Reino en medio de esta realidad, en esta hora crucial para nuestro pueblo Boliviano y decisiva para la supervivencia de nuestras comunidades indígenas que empiezan a reclamar una presencia urgente en el País después de toda una historia de exclusión, marginación, saqueo y exterminio.
El desafió de la Iglesia es inmensa y desborda nuestras fuerzas humanas. A veces da la sensación de ser demasiado pequeños y desde nuestra condición humana caemos en la tentación de pensar que es “casi imposible ser misioneros en una realidad como esta: dentro de una estructuras en las que estamos sometidos….”
He recorrido casi todas las comunidades del territorio, he celebrado, compartido, vivido, he sido testigo de su realidad, he tropezado con sus problemas cotidianos, y desde esta realidad la mas empobrecida de nuestra Sur América el desafió es siempre lacerante: ¿Cómo ver el rostro y el corazón de Dios en medio de esta situación tan inhumana y desolada?.
Vitichi, es un pueblo que queda en pleno valle Potosino, acá se instaló un español llamado Sancho Martínez quien huyo de Calcha con una India por allá en los años 1600. Es un pueblo sin historia, solo sus grandes edificaciones en ruinas y abandonadas nos muestran que tuvo un pasado de riquezas, de despilfarro, de gloria cuando era Potosí la ciudad más rica del mundo con su cerro que brotaba plata despertando la codicia y avaricia de los Españoles.
Desde la ventana de la casa miro al horizonte y veo las montañas, allí están ancladas las comunidades campesinas de origen Quechua dispersas unas de otras. Observo el rió seco, sediento de agua, en espera de lluvia pero aunque la lluvia venga los ríos han sido contaminados por las empresas mineras; esto ha provocado hambre, muerte, desolación en las comunidades.
Calcha, es ya un pueblo abandonado dominado por familias gamonales que lo hundieron en la soledad. De estas familias solo quedan residuos. Es toda una historia de dominación, discriminación y humillación a los campesinos.
QUÉ VEO
En Vitichi y Calcha persisten cosas y situaciones que históricamente se han establecido y han envenenado las relaciones entre la gente bloqueando estos pueblos , los han hundido cada vez mas en su soledad dejándolos sin horizontes, sin esperanzas para el beneficio de unos pocos, es una injusticia estructurada que bloquea, que impide que la VIDA florezca y lo peor es que esta situación históricamente injusta ha calado en la conciencia de muchos haciéndolos cada vez más inconscientes de su realidad. Esto hace difícil cualquier tipo de trabajo comunitario, social, religioso en estos pueblos.
LAS COMUNIDADES CAMPESINAS INDIGENAS
En estos dos años la Pastoral – a pesar de sus limitaciones económicas y recursos humanos- se ha volcado totalmente hacia las comunidades indígenas campesinas esparcidas en todo el territorio Nor-Chichas al sur del departamento de Potosí. La misión guarda como centro el pueblo de Vitichi, pero estamos en permanente desplazamiento hacia las comunidades.
DIFICULTADES
En Bolivia a lo largo de toda su historia las comunidades campesinas indígenas (que son el 73% de la población) han sido siempre marginadas, excluidas, in visibilizadas nunca han contado para el estado (solo en tiempos de elecciones). Ellos han tenido que tragar sus frustraciones y todas sus esperanzas de cambio han sido bloqueadas.
En la región de Vitichi se palpa el abandono en que han estado las comunidades, el desprecio, la humillación en que son sometidos los campesinos. Ellos caminan horas interminables con hambre, sed (tan solo con el sustento de la hoja de coca) para acercarse a la alcaldía o ante las autoridades administrativas exponiendo los problemas de sus comunidades, los hacen esperar interminables días, los confunden con las burocracias absurdas, a veces no los atienden y en el peor de los casos – que es lo común- solo reciben desprecio y tienen que regresar a sus comunidades con las esperanzas pisoteadas. Ellos no importan, no valen para el sistema político, son un estorbo para el sistema económico. Es la interminable Noche Oscura que viven los pueblos indígenas en nuestra América.
La esperanza y la alegría de los campesinos es cuando se acerca el tiempo de lluvia, esperan con ansiedad, preparan los terrenos para la siembra con la confianza de que las cosechas serán las mejores y tendrán alimento suficiente para todo el año.
Pero la realidad es que las cosas no han sido las mejores, la poca lluvia, la falta de agua, los ha hecho vivir una sequía interminable que los sumerge en la incertidumbre. Además el río de Vitichi ha sido contaminado a causa de los desechos que producen las minas que pertenecen a poderosos políticos y grandes empresarios.
Las comunidades se quedan desoladas, la situación obliga a los campesinos a emigrar a otros lugares especialmente a la Argentina en donde sufren toda clase de humillación y son sometidos a trabajos inhumanos poder sustentar a sus familias. Muchos han emigrado definitivamente, otros lo hacen para por temporadas dejando a sus familias en el abandono total con la esperanza de regresar con algo para poder sobrevivir.
Las viviendas en las comunidades son precarias hechas con ladrillo de barro que ellos mismos hacen en el tiempo de lluvia, por lo general las letrinas son comunitarias.
Los caminos que existen son porque los mismos campesinos se han organizado y han trabajado duro -durante meses y años- en la intemperie en la inclemencia del clima y en el abandono de las políticas del estado.
Sus rostros cansados, agotados por la dureza del clima, por la mala alimentación, por las largas caminatas, por las enfermedades como el “mal de chagas” que proviene de un insecto llamado “vichuga” que se genera debido a las construcciones precarias de sus viviendas atacando su salud, deteriorándolos causándoles la muerte prematura.
En estos dos años hemos experimentado que esta es una región desconcertante y al mismo tiempo es sacramental, por la manera como se vive en la cotidianidad la incomprensible esperanza. Todo da para dudar, negar, revelarse ante la soledad. Sin embargo es necesario orientar nuestro modo de vivir NO desde la situación sino desde DIOS.
Varios misioneros Javerianos han dado lo mejor de si en esta misión pero la falta de recursos económicos, la soledad prolongada de muchos, las dificultades a causa de sus compromisos proféticos, han hecho que muchas veces no haya habido un plan pastoral estable y que muchas comunidades hayan sido abandonadas. Sin embargo algunos trabajaron fuerte en la formación de catequistas.
Ante el nombramiento como obispo del P. Edgar (antiguo párroco) acepte venir a VITICHI (en donde ya había estado en 1996 y 1997) para vivir mi experiencia de fe como cristiano y sacerdote en medio de estas comunidades.
Desde niño he sentido una sensibilidad profunda por los pueblos indígenas, tal vez porque desde muy temprano era aficionado a las lecturas de nuestro pueblo latinoamericano y desde esa lectura alimente una sensibilidad critica que trato de hacer crecer con los años. Me familiarice con Potosí desde que a mis casi 13 años leí apasionadamente “las venas abiertas de América latina” -del gran escritor Eduardo Galeano- que con el pasar del tiempo leo y releo de nuevo esta historia.
¿Qué hacemos? Parte de estos dos años viví con un equipo pastoral de dos seminaristas Javerianos, una laica española. El equipo se fue reduciendo con los meses debido a la falta de recursos y dificultad de adaptación. He recibido el apoyo solidario de laicos que se han ido formando alrededor de esta misión y vienen por temporadas a compartir con las comunidades.
En nuestro proyecto pastoral hemos asumido la realidad de las comunidades indígenas campesinas, hemos formado catequistas, comprometiéndonos en los procesos de las comunidades en la concienciación de la realidad social, política y económica. Desde la Palabra de DIOS alimentando y celebrando nuestro compromiso como cristianos. Asumiendo una posición profética en la transformación de la realidad.
Uno se siente demasiado pequeño e impotente no solo por las limitaciones personales que tenemos como personas sino también porque el campo de acción es inmenso y es poco lo que se puede alcanzar a realizar.
Cuando siempre regreso de una comunidad después de celebrar, vivir con ellos los sacramentos, tropezarme con sus situaciones a veces deprimente, me pregunto a mi mismo ¿Quién podrá sustentar mejor la esperanza de estos pueblos? La Iglesia ¿pero como?. Aun mismo cuando han estado abandonados por ella misma.
Ha sido imposible visitar todas las comunidades, pero a la que hemos logrado visitar, celebrar, vivir su realidad hemos sentido la alegría de la Presencia de DIOS que nos renueva y fortalece.
“La Fe es una luz que brilla en un lugar tenebroso” (2 Pedro 1, 19) y hay que usarla para iluminar opacando todas las tinieblas que existen.
El mejor tiempo es el hoy que DIOS nos concede para hacer realidad su REINO en medio de los más pequeños, debemos vivir el tiempo de hoy como el “nuestro” humanamente.
No niego que he experimentado momentos de incertidumbre, soledad, de desanimo, de desconcierto pues en un grupo de la gente de Vitichi he encontrado resistencia que bloquean cualquier trabajo de tipo comunitario. En ellos veo siempre un cierto recelo hacia el indígena, de una estructurada injusticia hacia ellos. Esto me ha hecho tomar ciertas posiciones de indignación.
En las comunidades he encontrado que a pesar de la situación difícil que viven y de las dificultades de su vida cotidiana una gran FUERZA basada en su FE y en los valores de su mundo cultural. Esto me hace descubrir el gran signo del REINO DE DIOS en medio de esta realidad.
Los años pasan, el tiempo se nos va,
Lo bello permanece.
El sueño no envejece.
Si alguna vez el sueño se vuelve viejo,
Es triste pues más de nosotros nunca será.
FABIAN LOPEZ ARIAS, mxy
Vitichi, enero del 2006


